Los sujetos que interpretan las obras de otros autores, también cuentan con la protección de las leyes del derecho de autor.

Así es, todos aquellos que contribuyen de alguna manera al “perfeccionamiento” de una obra artística son considerados autores, por decirlo de alguna manera, ya que su trabajo es indispensable para culminarlas y perfeccionarlas.

Dentro de ellos tenemos a los narradores, que se encargan de comunicar al publico lo que el autor escribió.

También están los declamadores, los cantantes, los bailarines; que si bien no participan en la creación de la obra, si son un elemento creativo importante, pues le “ponen” un poco de su propio intelecto al trabajo que realizan al interpretar una obra.

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El nombre de cada uno debe figurar respecto a sus interpretaciones o ejecuciones, también pueden oponerse para que nadie deforme su participación sin su autorización.

De igual modo, poseen el derecho a irrenunciable a percibir una remuneración por la explotación que sus interpretaciones tengan, por ejemplo un cantante, percibirá regalías de las canciones que entona, a pesar de que el autor sea alguien más; esto evidentemente no lesiona en ningún momento el derecho de autor.

Todos ellos pueden oponerse a:

La comunicación pública de sus interpretaciones o ejecuciones;

La fijación de sus interpretaciones o ejecuciones sobre una base material, y

La reproducción de la fijación de sus interpretaciones o ejecuciones.

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La protección sobre sus obras será por un lapso de 65 años, contado a partir de tres posibles situaciones:

La primera fijación de la interpretación o ejecución en un fonograma;

La primera interpretación o ejecución de obras no grabadas en fonogramas, o

La transmisión por primera vez a través de la radio, televisión o cualquier medio.



En los contratos deberá quedar claramente establecido los tiempos, el periodo, las contraprestaciones, y demás para concretizar la divulgación, fijación y comunicación de la participación del ejecutante.