La solución a la crisis pasó por el regreso de Sergio Ramos y Luka Modric al cuadro titular de Carlo Ancelotti. La paz, por el coraje de Gareth Bale.

El atacante galés marcó los dos tantos con que el Real Madrid puso fin a su mala racha con una victoria por 2-0 sobre el Levante en el encuentro disputado en la cancha del Santiago Bernabéu.

Con los malos resultados llegaron los nervios al Bernabéu, que descargó la ira acumulada en Iker Casillas y Gareth Bale, señalados principales responsables. Al primero lo protegió la suplencia. Ancelotti decidió dar oportunidad a Keylor Navas ante su ex equipo; un premio a la perseverancia del tico que, de paso, evitaba un mal rato al español.

El galés, sin embargo, tuvo que soportar el previsto recibimiento hostil de un público que no perdona un solo error. No se esperaban que el ’11’ saliera decidido a poner un alto al maltrato.

El Madrid volvió en sí gracias a Modric, que puso orden; a la recuperación del líder en funciones en el campo, Sergio Ramos, que devolvió la personalidad a la defensa. También a la debilidad de un rival sin muchos argumentos.

La presencia de Modric se notó desde el primer instante. De sus pies salía cada jugada de peligro del Real Madrid. El croata abría espacios entre dos líneas de cuatro tan pegadas que los locales tenían que sortear a ocho para llegar al parea rival. Poco tardó el Madrid en hacer daño.

Había amenazado con un tanto de Benzema anulado por fuera de lugar. Tres minutos después, Bale adelantó al Madrid y apaciguó a la grada. Cristiano remató un centro de media chilena. Mariño, pegado al poste, intentó sacar el balón, que siguió su trayectoria hasta que Ramis, en la línea de gol, rechazó con un cabezazo.

El esférico cayó a los pies de Karim, que falló en el intento. En el nuevo rechace, Bale pescó el balón y con un potente derechazo lo incrustó en la red. El galés emprendió la carrera hacia la esquina derecha para celebrar. Con todo el coraje acumulado tras semanas en tela de juicio, Bale dejó de lado el corazón con copyright para cubrirse los oídos con las manos antes de soltar una fuerte patada al banderín. Más que festejo, el abrazo de su socio Modric parecía un intento por calmarlo.

En el rostro del galés no había señal de felicidad. Ni siquiera de alivio. Era de furia. Un desafío a sus detractores y una reprimenda a esa grada capaz de destrozar a los suyos. Keylor, mientras tanto, se ocupaba en hacer ejercicios de estiramiento, pues pasó 25 minutos sin haber visto de cerca el balón. Débil el rival y recuperado Ramos, la zaga resolvió casi cualquier esbozo de problema que pudiera tener el Madrid. El galés, en tanto, se concentró en completar la lección. Un centro tras otro al área que Cristiano Ronaldo se dedicó a fallar.

Presionaba en la salida del Levante; se asociaba con Modric. Lo suyo no era un simple berrinche y estaba dispuesto a demostrarlo. Y al 40′ tuvo su oportunidad. Dani Carvajal se había internado casi hasta la línea de fondo antes de enviar un pase retrasado a Cristiano Ronaldo. El ‘7’ soltó un disparo cruzado pero para su mayor frustración, Bale levantó casualmente el pie para cambiar la trayectoria del balón y marcar el 2-0. No hubo reprimenda esta vez. La grada, dócil, había entendido el mensaje.

Tanto, que ni siquiera se quejó cuando Isco abandonó el campo para dar paso a Jesé. Madrid gozó de varias oportunidades más; un taconazo de Benzema al palo, un remate de Cristiano que Mariño rechazó con ambas manos. Otros tantos intentos desviados del portugués y un terrible cabezazo del ‘Chicharito’. Se acababa el tiempo y con ello, Madrid bajó ligeramente la guardia.

Pero de tan débil, el Levante apenas pudo intentarlo con un par de remates flojos. El final llegó con la grada casi vacía, que agradeció a los suyos con tímidos aplausos haber salvado el honor y recuperado la esencia una semana antes del partido clave de la temporada, el clásico ante Barcelona.