Las fotografías se capturaron con un gran formato de antigüedad, cámaras de madera y una técnica analógica llamado el proceso de placa de colodión húmedo.

Aún recuerdo los castigos en la escuela de apuntar en la pizarra las malas acciones que a ojos de los profesores eran lo más horrible del planeta, pero que para nosotros no era más que una simple travesura o una forma más de conducirnos en la vida.

El fotógrafo Jamie Johnson, hace una analogía genial de los castigos absurdos en algunos casos que los profesores imponen a los alumnos, con un poco de humor adulto, a lo que el fotógrafo opina de su serie que esta “ilustra la inocencia mágica de la juventud junto a los recovecos más oscuros de la naturaleza humana. Una perspectiva de la vendimia en la infancia, castigos con un poco de humor.”

Los crímenes maduros y las confesiones que el fotógrafo retrata, contrastan fuertemente con los hijos de los jóvenes padres y de la antigua apariencia de las fotografías, creando una yuxtaposición interesante.

Los sepias de las imágenes te sumergirán en aquellos días en los que nos gustaba hacer travesuras inocentes en la escuela y a veces éramos parte de un inescrutable régimen de calumnias por parte de los profesores o compañeros que nos hicieron pasarla mal algunas veces.

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