En el año de 1957, un hombre vio que en el futuro a mediano plazo el concepto de humanos como raza social se desmoronaría, por lo que creó un auto monoplaza hecho a la medida de las necesidades de los que hoy estamos inmersos en la ambigüedad de una vida de trabajo y familia, totalmente separado, uno de lo otro.

A medida que pasa el tiempo, me he dado cuenta como es que en mi ciudad la forma de vida se transforma. Poco a poco las cocheras de las residencias no son suficientes para alojar los autos de cada uno de los miembros de la familia. Cuando era pequeña, papá era el que tenía el auto y nos llevaba de un lugar a otro con él, a medida que fui creciendo y llegaron los noventa, mi padre compró a mi madre una vagoneta y entonces ese era “el auto familiar”, todos los fines de semana salíamos en busca de alguna aventura nueva, pesca o montar a caballo, eran algunas de las actividades que practicamos en familia. Poco tiempo después, fue absolutamente necesario que mi padre adquiriese un remolque en el cual, arrastraba las motocicletas y a mi perro Goliat, un canino de raza Gran Danés que por más que deseábamos viajara en la camioneta con nosotros, era prácticamente imposible con siete miembros de la familia dentro de ella. Al pasar de los años, mis hermanos y yo crecimos y entonces los autos se multiplicaron, cada uno tuvo la falsa idea de necesitar uno para las necesidades y horarios individuales y exclusivos. Siguió pasando el tiempo y notaba que no éramos los únicos, las calles de la ciudad de México comenzaron a quedar pequeñas para la magnitud de autos que circulaban por ellas. El Anillo Periférico nunca fue tan caótico y hasta un segundo piso tuvo que ser anexado, aunado a que lo que debió ser la continuación de la vía del Periférico se concesionó a una empresa extranjera para convertirla en autopista de cuota. En fin alguna vez escuché a mi padre decir que la individualidad humana llegaría a recluirnos en nuestras casas y pregunté la razón, a lo que él me respondió, “voltea a tu alrededor… Nada es como antes, cada auto alberga a un conductor, ya no hay familias en ellos, por eso es que la ciudad se ha llenado de coches y lo que sucederá en el futuro es que los autos deberán ser monoplaza y más pequeños, esto para lograr dar abasto a las ciudades como esta que sus calles y vías rápidas, no dan para más”. Mi padre no fue el único visionario que vislumbro el futuro, hubo quien como él pudo mirar más allá de los años y saber que la vida cambiaría vertiginosamente y tendríamos que volvernos atrás, con un salto enorme que rescate lo poco que nos queda, uno de estos hombres fue, Carl Jurisch él era un ingeniero talentoso, que construyó su propio motor de cero a los 24 años, también fue un piloto de motos de toda la vida. Con el motociclismo europeo en decadencia a mediados de los años cincuenta, se convenció de que el futuro del transporte estaba en un vehículo personal de un solo asiento.

Diseñó y construyó su pequeño automóvil utilizando como base el cuerpo de un sidecar Steib S250, él miró hacia el futuro, dividió un auto normal por la mitad y lo amplió. El parabrisas y la suspensión delantera es de Messerschmitt, y la unidad de accionamiento Heinkel Kabine 150 (175cc), pero con 103A-0 carb turística y de escape. La rueda trasera de 8 pulgadas y Chaincase corto, fue tomada de la moto turística 102A-1. La dirección es única, el manillar en forma de U pivota bajo el asiento, ligero y preciso es una hermosa hazaña de la tecnología.

El manubrio incorpora convenientemente al interruptor de luz intermitente y el botón de la bocina. Canopy, la cola, el asiento y el depósito de combustible, todo gira hacia arriba para el acceso.

En conjunto con concesionario de motocicletas Joe Berliner, se trató de comercializar el pequeño coche en la ciudad de Nueva York en el apogeo de la locura tailfin,  luego de haber cometido un enorme error en tratar de venderlo en el mercado de su atalaya en la Alemania rural. El número de prototipos de este hermoso auto, fue de 3 unidades producidas, el segundo auto es también azul, se le dio una cabina más alta,  más práctico y ruedas de diez pulgadas, el tercero fue pintado de color rojo.

Los recuerdos de la hija de Carl Jurisch montada en el auto son invaluables y hasta se sabe que Jurisch intentó a toda costa comercializar el auto, obviamente nació mucho antes de su tiempo en la meta de salida, creo que hoy sabemos que este sería un gran auto que podemos usar en nuestro día a día, sin embargo cuando se ofreció en las oficinas de “Das Motorrad” para una prueba, el coche fue rotundamente rechazado, porque ¿quién compraría un cachibache donde la familia era lo primero que deseaba el señor de la casa llevar a divertirse a todas partes con él y en eso, jamás claro, no podían caber? y ¿quién deseaba viajar a solas en auto que corre a 88km/h?

El paradero de la mayoría de estos monocilíndricos se desconoce, De los tres prototipos que  Jurisch construyó, dos han desaparecido con el tiempo, y las fotos del que te muestro a continuación fue restaurado por un coleccionista y se  subastó el año pasado en $ 103,500,00 dólares.

Es una pena que un auto adelantado a su tiempo tuviera un final tan desagradable, una vez vi uno en mi colonia que era muy parecido y del mismo color azul verdoso, con una canastilla de mimbre en la parte trasera, llevaba una cruz gamada en un costado y no tenía capota suave, hice una hermosa foto de él y la subí a Instagram, me pregunto si ¿será el número dos…?

Síganme en twitter @azenetfolch