Erróneamente creemos que las ganancias de un tema musical son adjudicadas directamente al intérprete; pero no, pues muchos personajes que participan son considerados autores y poseen derechos.

La creación de una obra musical (canción) requiere del trabajo en conjunto de diversos profesionales en ramas distintas. En primer lugar tenemos al autor de la letra, la lírica de la canción es redactada por alguien inspirado y será reconocido como autor; a la par de éste se encuentra el autor de la música o melodía (aunque muchas veces es la misma persona en ambos casos) quien tendrá injerencia también en las ganancias y es tiene también carácter de autor.

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Una vez teniendo el “boceto” de la canción, se necesita que alguien la grabe en algún formato, y esta actividad es en la que se especializan las productoras, aquí aparece otro sujeto que posee derechos sobre la canción final. Ya que es quien pone los medios económicos y materiales para lograr la grabación final de la canción.

En algunos casos los autores pueden ser sus propios editores, sin embargo cuando la relación comienza con una editora que tiene responsabilidad de administración y difusión de una obra, ella también tendrá derecho sobre ella. La administradora de derechos de autor, podrá autorizar a quienes pretendan y paguen por hacer uso de la letra de la obra.

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Hasta aquí hemos conocido a cuatro participantes de las ganancias de la explotación de una obra musical. Ahora viene el intérprete, que si bien no es autor de la canción, si cuenta con una interpretación propia y única, que es precisamente lo que se protege al ser reconocidos sus derechos conexos.

Todos estos personajes se ven involucrados en la explotación y difusión de una obra musical, todos participan de alguna manera en las ganancias que se generan, y poseen prerrogativas únicas de acuerdo al trabajo que hayan realizado.