Cada vez son más las personas que creen y apoyan sentencias que protegen derechos de imagen de algún animal; hace tiempo se trató del afamado simio Naruto, ahora es Grumpy Cat.

Grumpy Cat (gato gruñón) o como realmente se llama “Tardar Sauce” en español “Salsa Tártara” es una gata y una celebridad de internet conocida por su expresión malhumorada.

Tabatha Bundesen, es dueña de la felina y ha tenido que recurrir a instancias legales para defender los derechos de autor de su mascota.

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El hermano de Bundesen, Bryan, subió la primera fotografía a una página de noticias, el 22 de septiembre de 2012,  a partir de ahí comenzó a ser popular, tanto que en Facebook tiene más de 5 millones de “Me gusta”. apareció en la portada de The Wall Street Journal el 30 de mayo de 2013, el mismo año en la portada de New York Magazine.

Este peculiar gato tiene calendario, el libro oficial Grumpy Cat publicado el 23 de julio de 2013, aparece en Lil Bud & Friendz, un documental que se estrenó en el Festival de Cine de Tribeca el 18 de abril de 2013.

En 2015 Grumpy Cat Limited, la compañía a través de la cual Tabatha Bundesen gestiona los contratos de su gata, demandó a los propietarios de la compañía Grenade Beverage por incumplir el contrato de uso de imagen que los une, y en el cual solamente se autorizó su uso para un café helado llamado “Grumpucciono”; sin embargo también vendieron café tostado y camisetas Grumppucino, explotando así productos no autorizados.

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Granade aseguraba que Tabatha no había mencionado la marca de café lo suficiente en redes sociales ni en una aparición televisiva.

Y esta semana un jurado federal de California se puso del lado de la gata y el lunes ordenó a Grenade el pago de US$710.000 por infracción de derechos de imagen, así como una cantidad simbólica de US$1 por incumplimiento de contrato.

Es importante mencionar que no se trata de la protección de la imagen del gato como tal, pues este derecho le pertenece únicamente a las personas; sino que la fotografía o imagen que se reproduce y utiliza pertenece a su dueña, pues ella es quien las captura, y el fotógrafo es reconocido ante las leyes como autor de sus capturas.