Helena Nosei, directora general de Egeda-Uruguay expone sus argumentos para que estos sitios paguen por una licencia de uso. “Se trata de un derecho, un derecho que reconoce la Constitución”, subraya.

Tournier de 73 años estudió arquitectura, arqueología y siempre le ha atraído la escultura; hoy es presidente de la Entidad de Gestión Colectiva de Derechos de los Productores Audiovisuales (E.G.E.A.), quien nos relata cómo inclusive él, ha visto ser violados sus derechos de autor.

“Mi película se proyectó este año en la sala de espera de una mutualista y yo no me enteré. Nadie me pagó los derechos”, dice Walter Tournie;  titiritero, guionista, director de cortos y del largometraje de animación Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe.

Después de esta experiencia ha mostrado interés por que sus derechos sean respetados, sea cual se aellugar donde se proyectan audiovisuales.

“Si eres un operador de cable, establecimiento hotelero, clínica, residencia, o algún establecimiento abierto al público donde haya aparatos de televisión instalados (restaurante, bar, gimnasio, ómnibus, etc.), debes obtener una de las licencias de EGEDA” se aprecia en la página de la entidad uruguaya.

Tournier y Helena Nosei, directora general de Egeda-Uruguay, expusieron sus argumentos en una entrevista, después de que fueran criticados por sus actos abusivos.

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Helena Nosei: El Uruguay se está despertando ante esta realidad. Hace unos años se peleaba por las licencias de software. Hoy se admite que nadie puede tener software pirata, y menos en las empresas. Ahora nos toca a nosotros defender los derechos de los productores audiovisuales, como lo están haciendo los jugadores de fútbol con sus derechos de imagen.

Al preguntarle cuál era su reclamo, contestó:

  • Helen Nosei. —Nuestra tarifa. Ellos tienen que pagar la licencia por los programas que emiten, y se han negado a hacerlo. Tienen que pagar $ 14 por abonado y por mes. Después de dos años de intentar dialogar con ellos no tuvimos otra salida. Podíamos ir a la Justicia Penal pero resolvimos recurrir a la Civil.

¿Hasta dónde se puede reclamar por los derechos audiovisuales? ¿Por qué los bares, los gimnasios, las peluquerías, los clubes de bochas o los hoteles tienen que pagar por tener televisores a disposición de los clientes?

  • Helen Nosei: Cuando se compra un video, se adquiere el permiso para usarlo de forma personal, en la intimidad. Pero si se lo quiere utilizar en forma pública o comercialmente, se debe abonar el derecho. Lo mismo pasa cuando uno retransmite películas o series en espacios abiertos al público. Para eso está Egeda, que hace la intermediación entre el productor y el usuario, porque cada productor no puede ir a cobrar su derecho en cada bar o club.

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¿Han hecho demandas contra otros establecimientos que se niegan a pagar la licencia a Egeda?

  • Helen Nosei.—Estamos en la etapa de medidas preliminares. Hicimos muchas inspecciones judiciales a establecimientos hoteleros de primera categoría. Los hoteles tienen una tarifa variable de acuerdo a la categoría del establecimiento. En el caso de los cinco estrellas, es de 6 dólares por habitaciones y por mes.

A todos nos parece una medida extrema, cobrar a un sitio por transmitir una cinta cuando evidentemente el lucro que se realiza  es indirecto, pues no es la principal actividad de establecimiento como bares, hoteles, etc. etc. Sin embargo, parece que en Uruguay se están tomando la medida muy en serio, ya que hay registro de lugares que sí han tenido que obtener licencias de uso.

Ustedes han estado visitando hoteles y restaurantes para recordarles que tienen que obtener la licencia de Egeda. ¿Cuántos establecimientos del país pagan licencia?

  • Helen Nosei.—Tenemos unas 2.000 licencias otorgadas.

En la misma entrevista aseguraron que por licencias en espacios abiertos al público el año pasado fueron US$ 170.000, pero trabajan básicamente en Montevideo. Ahora están haciendo campaña en Maldonado.

Sin duda una nueva modalidad se hacerse de regalías. Por extraño que parezca, aquel país lo ha tomado como una vía legal, mientras que en otros países, para que pueda ser objeto de regalías el uso de obras artísticas o audiovisuales deberá ser con fines de lucro directo, pues sin esta característica es imposible comprobar si las ganancias generadas, en este caso, en hoteles, sea únicamente por la transmisión de tal o cual película. Hecho que evidentemente no se considera en el país sudamericano.