Las prohibiciones que la Ley de la Propiedad Industrial establece para que ciertas denominaciones incursionen en el comercio, son diversas. Y a pesar de que en algún aparado prohibe los nombre propios, hay manera de lograr el registro.

Así es, la originalidad es preponderante para que una marca sea recordada por el consumidor con tan solo oír su denominación o ver su logotipo, cuestión que no sucede tanto con marcas que reproducen nombres propios, sin embargo si el interés es éste último, es posible; sin embargo hay que considerar algunas cuestiones.

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En principio la Ley mencionada en su artículo 90, despliega un catálogo de características que una marca no puede utilizar si se pretende registrar, entre ellas está la que encontramos en su fracción doceava:

XII.- Los nombres, seudónimos, firmas y retratos de personas, sin consentimiento de los interesados o, si han fallecido, en su orden, del cónyuge, parientes consanguíneos en línea recta y por adopción, y colaterales, ambos hasta el cuarto grado.

Por ejemplo, cuando una persona quiere registrar su nombre como marca, y existe su homónimo que es reconocido por la fama del personaje, es casi imposible que se logre el registro; es decir, si un sujeto llamado Diego Armando Maradona, y su objetivo es que sea una marca comercial, será imposible no solo porque puede que ya exista, sino que será imposible porque es idéntico al nombre de una persona con fama, y se deberá contar con su autorización.

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Y ahí no hay de otra mas que buscar dicha autorización o bien, recalcar que los servicios que se ofertarán con ella son estrictamente distintos a los que se pudieran confundir con el ex-futbolista.

Pero si tu nombre no es tan afamado y no existe algún registro previo, ni otra marca que sea similar desde luego que el registro procederá. Aunque en todos los supuestos aquí planteados, se debe considerar que nos encontramos atados a las autoridades examinadores del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial ( impi).