Los grandes artistas de siglos pasados no disfrutaron de los beneficios que los derechos de autor, en esta época, comienzan a garantizarle a los creadores de obras artísticas y literarias.

El arte del futuro parece que traerá consigo cambios que nunca imaginamos, tanto en la manera de crear arte como modificaciones en la legislación mundial que protege a creadores de éstas.

La realidad a la que nos ha llevado el avance tecnológico ya ha modificado leyes en distintos campos del derecho, y ahora parece que es momento de poner a pensar en la legislación de derechos de autor, pues la posibilidad de que un robot sea autor incrementa a cada momento.

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Los sistemas de inteligencia artificial (IA) se utilizan ya para crear obras en campos como la música, el periodismo o los videojuegos. En teoría y en la práctica actual se da por hecho que estas obras son de dominio público o lo que es lo mismo, están libre de copyright.

Esta podría ser la respuesta más “natural” ante tal cuestionamientos; sin embargo algunas personas no están de acuerdo, sobre todo quienes programan dichas máquinas. Una empresa puede gastar millones de euros en un sistema capaz de generar música para videojuegos y no ver ni un solo euro cuando otros utilicen sus canciones.

A diferencia de lo que ocurría con las obras producidas informáticamente hace unos años, las tecnologías de ‘machine learning’ actuales generan trabajos verdaderamente creativos y artísticos. No necesitan la intervención humana y no pueden considerarse meras herramientas. Es cierto que las personas desarrollan los algoritmos, pero el resultado es obra de la máquina.

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Ya existen casos como este,  se trata de un robot-pintor creado en el Laboratorio de Inteligencia Artificial de la Universidad de Rutgers al que no hacen falta lienzos ni caballetes.

Aun no hay respuesta clara que determine a quién pertenecen los derechos de autor, y evidentemente la respuesta variará de país en país, ya que hay legislaciones que prevén que la persona que ha emprendido las disposiciones necesarias para la creación de la máquina sea el titular de los derechos de autor; mientras que otras deciden que las obras hechas por la máquina sean de uso libre.