Hace unos días se cumplió el primer aniversario luctuoso del compositor mexicano conocido como Juan Gabriel y a pesar de los conflictos familiares que puedan suscitarse por derechos hereditarios, él siempre será el autor.

Esta historia es como muchas otras, los familiares de un talentoso autor disputan la titularidad de sus derechos, con el fin de ser los beneficiarios de la explotación que resulte de todas sus obras. Al tratarse de un personaje con una gran creatividad es de esperarse que las regalías sean enormes.

La titularidad de derechos, en este caso no significa lo que puede interpretarse con semejante término, ya que esta titularidad trata principalmente de derechos patrimoniales y no precisamente los que determinan como tal la autoría.

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Los derechos de autor se dividen en dos vertientes, derechos morales y derechos patrimoniales:

Los derechos patrimoniales que son los que conocemos también como derechos de explotación:

En virtud del derecho patrimonial, corresponde al autor el derecho de explotar de manera exclusiva sus obras, o de autorizar a otros su explotación, en cualquier forma, dentro de los límites que establece la presente Ley y sin menoscabo de la titularidad de los derechos morales…

Sobre estos derechos son los que los herederos tienen titularidad, pues ellos son los responsables de ejercerlos. La ley establece que los poseedores de estos derechos son: en principio el autor y después los herederos o los adquirentes por cualquier título. El ejercicio de estos derechos patrimoniales, se refiere específicamente:

– Los titulares de los derechos patrimoniales podrán autorizar o prohibir.

  • La reproducción, publicación, edición o fijación material de una obra en copias o ejemplares.
  • La comunicación pública de su obra.
  • La transmisión pública o radiodifusión de sus obras.
  • La distribución de la obra, incluyendo la venta u otras formas de transmisión de la propiedad.
  • La importación al territorio nacional de copias de la obra hechas sin su autorización.
  • La divulgación de obras derivadas, en cualquiera de sus modalidades

Pero también hay otro tipo de derechos, nos referimos a los morales que disponen posesión eterna del autor, en este caso Alberto Aguilera Valadez (Juan Gabriel). Los derechos morales son también conocidos como derechos de paternidad y son inalienables, imprescriptibles, irrenunciables e inembargables.

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Estos se refieren al reconocimiento como autor, la protección a cualquier modificación o alteración de obras, amparan la decisión de hacer o no pública las creaciones y la prerrogativa de exigir el respeto a dichas obras.

  • I. Determinar si su obra ha de ser divulgada y en qué forma, o la de mantenerla inédita;
  • II. Exigir el reconocimiento de su calidad de autor respecto de la obra por él creada y la de disponer que su divulgación se efectúe como obra anónima o seudónima;
  • III. Exigir respeto a la obra, oponiéndose a cualquier deformación, mutilación u otra modificación de ella, así como a toda acción o atentado a la misma que cause demérito de ella o perjuicio a la reputación de su autor;
  • IV. Modificar su obra;
  • V. Retirar su obra del comercio, y
  • VI. Oponerse a que se le atribuya al autor una obra que no es de su creación. Cualquier persona a quien se pretenda atribuir una obra que no sea de su creación podrá ejercer la facultad a que se refiere esta fracción

Los herederos sólo podrán ejercer las facultades establecidas en las fracciones I, II, III y VI.

Es por ello que, a pesar de las diversas disputas, autorizaciones, licencias o usos que autoricen lo titulares de derechos patrimoniales, no podrán omitir el nombre del verdadero autor ni tampoco alterar sus obras.