El derecho a la propia imagen se puede entender como la facultad que tiene toda persona de impedir que se reproduzca su propia imagen por cualquier medio sin autorización expresa o tácita.

El tribunal superior negó a La fundación Gala-Dalí la “defensa” que ésta pretende de la imagen del artista, puesto que lo que buscan es obtener una remuneración.

Antes de morir, Salvador Dalí nombró al Estado Español como heredero universal de sus obras y su propiedad intelectual. Un año después constituyó la escritura pública de la de la Fundación Gala-Dalí, con el objetivo de proteger y defender sus obras artísticas. Por lo que España designó al Ministerio de Cultura para administrar de forma directa y temporal la explotación de estas obras.

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Sin embargo, la fundación presentó en 2009 una demanda contra Juan Javier Bofill Pellicer y Faber Gotic, pues hicieron uso de la imagen de Salvador Dalí en la exposición de su “Colección Clot” compuesta de 44 estatuas de bronce creadas por él, con fines publicitarios y comerciales.

Pero el tribunal desestimó la demanda y los recursos presentados, pues hacen referencia a que la fundación no fue designada para la gestión de los derechos de imagen del artista, y es evidente que los intereses porque trascendiera esta demanda fueron de carácter patrimonial, cuestión en la que dicha fundación jamás quedó facultada.

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La sentencia sí condena la vulneración los derechos industriales (marcas) y derechos de autor, sin embargo la parte que afirma la violación a derechos de imagen, no procedió.

Dado que la demanda se presentó después de muerto Salvador, se dijo que:

“tal circunstancia supone que sus derechos fundamentales de la personalidad, y en concreto el derecho a la propia imagen, se extinguieron con su fallecimiento, puesto que la muerte determina el fin de la personalidad civil de las personas físicas”

Es decir que sólo se tiene la gestión de las obras intelectuales del autor y evidentemente de la protección sobre su imagen, solamente para que quien la utilice, no haga mal uso de ella, ni denigre al personaje. El cobro por su uso de imagen al fallecer, no procede.

La pretensión de la fundación era cobrar por autorizar dicho uso.