A mediados de enero, Netflix anunció una prohibición sobre el uso de proxies, unblockers y redes privadas virtuales (VPN), ya que esto permitía acceder al catálogo de otros países donde el contenido cambia considerablemente. Esta prohibición nace a la par del lanzamiento del servicio en 130 países.

Con la nueva prohibición en su lugar, los suscriptores de Sudáfrica  ya no podrán ver el catálogo de  Estados Unidos ni por medio de un Down Under. Del mismo modo, los suscriptores de Estados Unidos no podrán acceder a los espectáculos británicos, teniendo que esperar a que estos se lancen en su región.

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El deseo de los proveedores de contenidos  de esta prohibición es fácil de entender. El manejo de contenidos y fechas de lanzamiento en otras localidades respecto a series exclusivas o espectáculos estará a cargo de Netflix en su totalidad, y cada que estos sean lanzados en otra localidad esto generara nuevas obligaciones de Netflix con los autores.

Hasta el momento, los estudios de cine y productores de televisión han criticado reiteradamente Netflix por hacerse de la vista gorda en cuanto a la visualización sin licencia.

El problema no radica en Netflix, pero con la demanda insatisfecha de los consumidores en los mercados extranjeros. Si hemos de abordar con éxito este problema, será necesaria una reforma más integral de derechos de autor.