Para uniformarse en domingo, los jugadores voluntariamente llenan sus cuerpos con drogas que pueden mitigar el dolor derivado de jugar un deporte que es inherentemente violento y peligroso. Incluso tipos que no están lesionados o lastimados se someterán a una inyección previo a los partidos para prepararse para lo que viene. ¿Por qué? Para conservar sus empleos. Para mantener a sus familias. Para respaldar a sus compañeros. Para saciar su apetito de competencia y gloria.

El resultado en demasiados casos es dejar el juego adicto a los analgésicos o sufriendo de las consecuencias del uso prolongado de drogas. De hecho, es uno de los temas más comunes que afectan a los que se retiran y que se han inscrito en “The Trust”, un programa patrocinado por el sindicato de jugadores y la liga que ayuda a los jugadores en su transición hacia una segunda carrera después de dejar el deporte. Incluso aquellos que no forman parte del programa tienen su cuota de historias de advertencias.

Por ejemplo, Terrell Fletcher era un corredor con los San Diego Chargers desde 1995 al 2002. Durante ese tiempo, se sometió a cinco cirugías y sufrió lesiones en los tobillos, costillas, hombros, muñecas, rodillas, pies y tendones de la corva. Midiendo 5 pies con 8 pulgadas de estatura y con 196 libras de peso, siempre sintió que estaba bajo el microscopio como un chico pequeño jugando entre gigantes, así que cuando su cuerpo dolía o estaba lastimado, voluntariamente aceptó los analgésicos.

Unos ocho meses después de retirarse, empezó a experimentar dolores fuertes en la espalda. Nunca se había lastimado esa parte del cuerpo a partir de 785 toques ofensivos y numerosas asignaciones en equipos especiales, así que fue a revisarse. Descubrió que estaba sufriendo fallas en los riñones, de acuerdo al médico, gracias a la “basura” que se había acumulado en su cuerpo gracias al uso de drogas prescritas. Participó en un programa homeopático de limpia a lo largo de cuatro semanas, después de lo cual desapareció el dolor.

“En el momento en que estás jugando, no piensas en las posibles consecuencias”, me dijo Fletcher alguna vez. “Estás tan enfocado en competir, estás tan enfocado en no defraudar a tus compañeros, estás tan enfocado en la presión de tener que mantenerte sobre el campo porque la competencia es tan dura que alguien tomará tu lugar si pasas demasiado tiempo lastimado. Estás tan enfocado por todas las cosas que estás dispuesto a hacer al punto de la frontera de lo ilegal con tal de mantenerte sobre el campo. Así que lo haces con el hielo, lo haces con la estimulación muscular, lo haces con todo el tratamiento que es necesario; pero te ofrecen la inyección, no la rechazas. Si te ofrecen medicamente, no la rechazas, especialmente en los días competitivos del campamento. Conocía a personas que recibían medicamento para el dolor antes de salir al campo, medicamento que los dejaba aletargados o mareados. Lo consumían simplemente para mitigar el dolor en los entrenamientos”.

Fletcher, un ministro ordenado que funge como uno de los dos capellanes de los Chargers, continuó: “Es una cultura de quiénes somos. Los jugadores profesionales de fútbol americano son unos guerreros. Es casi una señal de debilidad si te rehúsas a salir al campo sin tomar todas las precauciones necesarias para estar allí. Es lo que predican los entrenadores, es lo que predican los otros jugadores. Tienes esa voz interna en tu cabeza que te dice, ‘Tengo que salir allá y competir. Es el día de juego. Me impulsa la afición, me impulsa la competencia, no quiero defraudar a mis compañeros’. No estás pensando, ‘Oh, quizás necesite una limpia de riñones en cinco años'”.

Los jugadores jamás se van a proteger de sí mismos, razón por la cual necesita hacer más. Enfrentando demandas masivas y el llamado de neurólogos independientes en los partidos, se ocupó del tema del trauma cerebral estableciendo protocolos y pruebas que necesitaban pasarse antes de que un jugador pudiera volver al emparrillado después de sufrir una conmoción. Algo similar necesita hacerse con analgésicos y antiinflamatorios.

Por mucho que la liga predique la seguridad de los jugadores, nunca me ha hecho sentido que los clubes marginen a un jugador lesionado de las prácticas toda la semana, le llenen de inyecciones el domingo para que pueda jugar el mismo deporte que causó la lesión, y luego repitan el proceso la semana entrante o más allá, en caso de ser necesario.

Antes de que me digan que los jugadores saben lo que hacen, por lo que el lastre de la responsabilidad pesa únicamente sobre ellos, consideremos lo siguiente. Construimos automóviles que pueden rebasar las 100 millas por hora pero tenemos límites en las autopistas de 55, 60 y 70 millas por hora. ¿Por qué? En parte para protegernos de nosotros mismos.

Por demasiado tiempo, la liga parecía más preocupada por el producto que por los jugadores. Aunque no hubo mandato escrito del que tengamos conocimiento, la percepción común era que los equipos deseaban a sus jugadores claves sobre el campo por el medio que fuera necesario, aún si significaba administrarles drogas poderosas y peligrosas. Algunos clubes reconocieron el riesgo de tales prácticas, porque apenas hace un par de años seguían requiriendo a jugadores firmar documentos de renuncia médica antes de recibir Toradol, un poderos analgésico empleado típicamente después de las cirugías. La asociación de jugadores puso fin a esa práctica interponiendo un recurso legal e instruyendo a los jugadores a no firmar ningún documento.

Hoy, la liga examina a los jugadores con mayor frecuencia para detectar abuso de medicamentos como parte de su política de sustancias prohibidas. También es más vigilante cuando se trata de cómo distribuyen los equipos los medicamentos, algo que podría haber surgido después de que los New Orleans Saints y Chargers fueron objeto de pesquisas independientes por la Drug Enforcement Agency involucrando Vicodín en años recientes.

Sin embargo, todavía se necesita hacer más porque las consecuencias a largo plazo son significativas y los jugadores en general, nunca se protegerán de sí mismos. Como suelen decir los ejecutivos de personal, la mejor herramienta para predecir la conducta futura es la conducta pasada.