A las 20:00 horas iniciaría el partido. Después de una espera de 10 años, Jorge y yo veríamos una vez más a Necaxa como local.

El partido, correspondiente al torneo de Clausura 2014 en contra de Estudiantes Tecos, no era un platillo estelar de aquella temporada. Los alti-bajos de ambas escuadras eran más propicias para uno de esos encuentros cerrados, aburridos que permiten la convivencia “social”. La cerveza se dejaría venir.

Salimos del DF alrededor de las 12:00 pm del mismo día. Nuestro poco conocimiento sobre aquel punto final, Aguascalientes, nos obligó a tomar medidas drásticas. Usamos un GPS.

La vía con dirección a Querétaro, pasando por Celaya y luego León, nos emocionó bastante. Tanta historia y tantos equipos en tan solo 5 horas de viaje. Los Gallos Blancos, Los Toros del Celaya, Los Freseros de Irapuato y Los Panzas Verdes del León.

Recordamos muchos de los partidos que Necaxa tuvo contra esos equipos. Pero sobretodo, el cómo León sufrió más que un par de veces, la desgracia de ser cliente del “rayo”.

Después de nuestro triunfal arribo a las afueras de la ciudad Hidro-Calida, una vez recuperados por la abrumadora vista de plantas industriales y lo que a la fecha es el retén militar/policiaco más grande que hemos visto, nuestro GPS nos indicó el camino a nuestro hotel. Brillantemente seleccionado a unos cuantos pasos del flamante estadio Victoria.

Mi auto, un Fiat 500 de fabricación mexicana, no deslumbraba a nadie. Nos dimos cuenta de esto mientras en una luz roja sujetos en una Pick Up (de proporciones bíblicas) miraban como dos sujetos estaban dentro de una “lata de atún” color rojo, portando playeras del “rayo” con placas del D.F. Seguro pensaron lo peor. Lo sé.

Faltaban unas cuantas horas para el partido, pero no conociendo la ciudad, decidimos salir a caminar. Como buenos capitalinos, solo hasta donde podíamos encontrar nuestro punto de regreso.

El estadio de béisbol nos hizo preguntarnos sobre el arraigo que nuestro equipo tiene en estas tierras. Después de 10 años es difícil pensar que la gente no ha logrado esa total identificación con el cuadro Necaxista, con la institución, con los colores. Pero la realidad está ahí.

Fieles al estilo chilango, dos horas antes del partido, con boletos en mano, accedimos al estadio. En el D.F. todo es rápido, tumultuoso y tortuoso. En pocas palabras es un asco. Aguascalientes es diferente, y la cercanía al norte del país lo hace un poco más “civilizado” que el ajetreo constante y nada agradable de la capital mexicana.

El platillo estaba servido, pero confiados en las regulaciones de la federación, supusimos que la venta de cerveza estaba controlada. Como lo está en los estadios capitalinos. No fue así y para

agrado de nuestros pobres y nada redundantes bolsillos, el costo de la cerveza era de la mitad de la primera división mexicana. Algo bueno debía de tener este augurio.

El partido fue mágico. El rayo y estudiantes dieron gala de un buen futbol y no decepcionaron nuestras 5 horas de camino solo para verlos. Así como tampoco los decepcionamos a ellos.

Gritamos, coreamos, celebramos y sufrimos todo el partido y gracias a nuestra cercanía a la bancas, pudimos saludar de manera “afectuosa” al entonces técnico de estudiantes, el cual para su desgraciada, sabíamos quién era.

Después de corear el nombre de “Pep” en su cara. El español solo me sonrió y aplaudió. Él había sido asistente del catalán. Y ahora dirigía a un equipo de medio pelo, semi quebrado en la liga de ascenso de un futbol de muchísimo menor nivel. La vida de patea pero siempre te enseña.

La cantidad de cerveza fue digna de una celebración germana. No daba crédito de la cantidad de vasos de cartón que teníamos en nuestros pies y nuestros nuevos amigos, una pareja de San Juan de los lagos, estaban incrédulos que dos muchachos hubieran hecho el viaje solo a ver al rayo.

El Necaxa es algo más que un equipo. A mí como capitalino me arrebataron la oportunidad de ir los fines de semana a apoyarlo. Me divorciaron de el sin siquiera preguntarme. Me quitaron todo derecho como aficionado y repudiaron a la capital. Tal vez no nació como equipo aquí. Pero si como leyenda.

Necaxa es más que un equipo, es una leyenda. Es historia viva, y ese 7 de febrero de 2014 nos dimos cuenta, que aunque pocos, la gente en Aguascalientes cuida a nuestro equipo, lo apoya y lo sigue, de igual o mejor forma que nosotros lo hicimos aquí.

Quedamos tranquilos.

Ahora que Necaxa tiene la oportunidad de volver, sin “problemas” de administración y solo dependiendo de lo meramente deportivo, nos agrada saber que la gente en Aguascalientes será la mejor afición que mi equipo puede tener, y que por más “trolleados” que somos todos los aficionados Necaxistas, en cualquier lugar, en cualquier pueblo, en cualquier rincón de México, habrá uno solo, o solo uno que grito el “mote” siempre querido de nuestro equipo.

Fuerza Rayos.


Nota por Juan Lius Gómez


necaxa