Se evaluaron a 4 mil 500 internos para determinar su nivel de peligrosidad y tras un exhaustivo análisis este fue el resultado.

En México, el homicida es impulsivo y violento; el violador es frágil, el secuestrador se caracteriza por su capacidad calculadora y el narcotraficante que no se droga suele ser dominante y seductor.

“Un delincuente de cuello blanco oculta sus emociones, es manipulador y seductor, y la mujer homicida es emocional y explosiva”, reveló Amada Ampudia Rueda, académica de la UNAM y coordinadora de un proyecto con el que se desarrolló un modelo de diagnóstico de la personalidad del delincuente mexicano.

Los expertos de la UNAM, en colaboración con la Universidad de Salamanca, España, desarrollaron un esquema con el que, a lo largo de diez años, evaluaron a cuatro mil 500 internos de cárceles ubicadas en Chihuahua, Sinaloa, Zacatecas y Michoacán, cuya información obtenida ayudará a prevenir la incidencia delictiva y a reducir los índices de reincidencia.

A decir de la experta, al cruzar variables como edad, sexo y escolaridad, determinaron que existe una tendencia mayor a delinquir en la etapa productiva, entre los 18 y 40 años, y que si un preso se adapta al medio penitenciario entonces está lejos de la readaptación social.