El gran paradigma entre la libertad de expresión y los derechos de autor.

Hoy en día cualquiera puede publicar de todo en Internet, y parece ser que en ese momento el contenido pasa a ser de todos, al momento de subir una obra intelectual a la web, ésta sin mucha duda será copiada, pirateada, distribuida y/o comercializada sin la autorización del autor.

Recordemos el caso no muy lejano de los videobloggers más vistos en América Latina; Yuya y Werevertumorro quienes cerraron sus espacios tras el litigio que enfrentaron ambos por controversias en los nombres, marcas y algunos negocios “sin terminar” todo gracias a un registro indebido de los nombres e imagen como videobloggers.

Y así se pueden mencionar varios casos que nos llevan al hoyo negro y aparentemente implican cuestiones de Internet y derechos de autor, lo cual genera un gran debate con respecto a los contenidos en la red, ya que, si bien la naturaleza del Internet es compartir información libre y de manera gratuita para que el conocimiento sea un bien en común de la humanidad, los autores  exigen la existencia de una regulación necesaria sobre el control de estos contenidos que se encuentran “fuera de control” y que son afectados directamente a su patrimonio por no recibir “lo que les corresponde”.

Son varias las empreas que se dedican a la distribución de obras que protege la legislación como música y libros, aunque sabemos que existe el esfuerzo de desarrollar alternativas en las cuales se pueda retribuir al autor por su obra y al mismo tiempo tener rentabilidad y distribución, al parecer es un problema que avanza a la velocidad de la luz.

Ahora bien, surge la pregunta de si es posible proteger la propiedad intelectual en el ciberespacio, tan lleno de baches y vacíos legales. Por ello, es importante reconocer la diferencia entre los derechos morales y el derecho de copia (o copyright). Los primeros se refieren al derecho inalienable que tiene una persona de ser reconocido como el autor intelectual de una obra; el otro, se refiere al derecho de explotar comercialmente una obra intelectual. Como pueden imaginarse, no siempre ambos derechos los ostenta una misma persona: una es reconocida por la autoría de una obra, otra tiene el derecho de explotarla.

No obstante, lo complicado que pueda ser, existen algunas alternativas que los usuarios pueden utilizar para proteger sus obras en la red. Una de las más importantes y reconocidas a nivel mundial es Creative Commons, una ONG que sin ánimos de lucro crea una especie de contratos o licencias que permiten a los autores compartir sus creaciones vía web, reservando algunos derechos frente a terceros.

Si bien, las licencias de Creative Commons no sustituyen a los derechos de autor, sí los toman como base para otorgar licenciamientos para que los usuarios de Internet compartan o incluso modifiquen sus creaciones.

Así, cuando un autor registra gratuitamente sus obras en Creative Commons, no solo sienta un precedente jurídico frente a la creación, sino permite reservar algunos derechos. Así, las licencias CC constan de 4 conjuntos de condiciones que pueden combinarse entre sí para crear la licencia más adecuada a las necesidades del creador.

Los módulos son:

Atribución (donde se pide una referencia al autor original de la obra).

Compartir Igual (que permite hacer obras derivadas del original, siempre y cuando cuenten con el mismo tipo de licencia).

No comercial (que obliga a que la obra no se comercialice de ninguna manera).

No Derivadas (que no permite la modificación de la obra original).

La utilización de dichas licencias no sustituye los trámites legales que cualquier autor debe hacer a favor de su obra, sin embargo, puede facilitar el reconocimiento de la autoría y sentar precedentes jurídicos.