Gurlitt era hijo de uno de los cuatro marchantes de arte al que el dictador Adolf Hitler encargó vender las obras modernas tachadas de “arte degenerado”.

Concluido el plazo de seis meses otorgado por la ley alemana para aceptar o rechazar la herencia dejada por el coleccionista de arte Cornelius Gurlitt, fallecido el pasado mes de mayo, los fideicomisarios del museo Kunstmuseum de Berna, Suiza, aceptaron este lunes el “regalo” de más de 1,400 obras de arte, que podría implicarles años de litigios por la suposición de que en la colección hay obras de arte robadas por los nazis.

Cornelius Gurlit es el hombre que logró mantener oculta la colección de más de 1,400 obras en sus departamentos de Múnich, Alemania, y Salzburgo, Austria, hasta que las autoridades fiscales las encontraron en 2012.

Las obras fueron heredadas a Gurlitt por su padre, Hildebrand Gurlitt, un comerciante de arte que hizo fortuna y fama en la época nazi comerciando con el llamado Entartete Kunst o arte degenerado, como bautizó el régimen nazi al arte moderno.

Por este hecho se originaron dudas sobre la procedencia de las obras, entre las que se cuenta con trabajos de Cézanne, Corot, Gaugin, Liebermann, Manet, Pissaro, Renoir y Toulouse-Lautrec, por lo que fueron confiscadas por las autoridades alemanas.

Gracias a la firma de un convenio en el que Gurlitt se comprometió a cooperar con las autoridades en una investigación en materia fiscal y de procedencia, las obras confiscadas le fueron regresadas en abril de este año, aunque se retuvieron aquellas sobre las que existía fuerte sospechas de tratarse de arte robado.

Sin embargo, un mes después de que falleció Gurlitt, inicialmente se creyó que no había dejado heredero, pero posteriormente se conoció que dejaba toda la colección al Kunstmuseum de Berna, el cual anunció la aceptación de la herencia este lunes 24 de noviembre.

Por tratarse de una colección que ha estado bajo investigación, el presidente del Congreso Mundial Judío, Ronald Lauder, advirtió al museo que la aceptación de esta colección podría desencadenar una “avalancha” de demandas.

Sin embargo, el presidente del fideicomiso del museo anunció que respecto de la colección “asumirían responsabilidad solidaria” con las autoridades de Bavaria y el gobierno federal de Alemania, en un acuerdo firmado bajo el cual la colección seguirá siendo investigada y las obras que estén bajo sospecha de haber sido robadas se quedarán en territorio alemán.

De acuerdo con la ministra de cultura de Alemania, Monika Grütters, el gobierno de su país asume la obligación legal y económica de regresar lo más pronto posible las obras de arte robadas a sus legítimos propietarios, aunque para ello se deberá demostrar que la obra fue robada y que corresponde a quien la reclama.

Respecto de la avalancha de demandas anunciada por el presidente del Congreso Mundial Judío, la semana pasada se presentó una de ellas pero no por un supuesto propietario de alguna obra sino por Uta Werner, una prima de Cornelius Gurlitt quien ha impugnado el proceso en el que el único heredero es el museo de Berna.

Finalmente la controversia sobre esta colección de “arte degenerado” no ha terminado y es probable que las cortes judiciales de Alemania y Suiza sigan teniendo injerencia sobre las obras durante mucho tiempo.