Fallece una de las grandes damas de la novela negra, la escritora británica P. D. James, y creadora del detective Adam Dalgliesh.

Phyllis Dorothy James, conocida como P. D. James, es la autora de Un impulso criminal, Muertes poco naturales, Intrigas y deseos, Mortaja para un ruiseñor o Muerte de un forense. La bautora británica ha fallecido a los 94 años de edad, “en su casa de Oxford”, tal y como informó un portavoz de la familia a los medios.

Una de las grandes obras que nos legó Phyllis fué su detective Adam Dalgiesh, una de las escritoras que hicieron del enigma la esencia. Tal como mandan los cánones de las convenciones fijadas por Agatha Christie. Un asesino y muchos sospechosos. La fórmula básica, de la que irán eliminándose sospechosos hasta que uno asuma la culpa ante las evidencias, una verdadera joya para la lectura.

Las pruebas, ¿cuánto dura una prueba? Se preguntan todos los corruptos, todos los criminales, todo el que quiere escapar de la verdad silenciándola. P. D. James mantiene la intriga porque es una reina de los silencios. La pregunta que dejó para sus lectores y que repetía en todas sus novelas era: ¿cuál de todos los sospechosos tiene los medios, los conocimientos, el motivo, la maldad, la fuerza, la desesperación para cometer el crimen? Siempre queremos saber si descubriremos al criminal, al corrupto, al malversador, por eso la novela negra ajusta las cuentas con la identidad del criminal.

La misión del novelista, según James, es representar y esclarecer el pasado, desvelar los actos del individuo. Una denuncia en toda regla, dar luz a lo oculto. Los crímenes siempre se ejecutan en paisajes cerrados, descritos con detalle, como si el entorno fuera el cómplice del criminal. Como si cada detalle contase. ¿Dónde matar mejor que en las casas de campo, en esos lugares en los que priman la bondad, el decoro y la paz? A P. D. James le gustaban los asesinos del confort, y hacía de los secundarios un reflejo del malhechor, que suelen ser la quintaesencia de la ciclotimia: conquistadores, educados, aborrecibles, apetecibles, solitarios, maleducados, soberbios, elegantes y, a fin de cuentas, irresistibles.

Recordaremos a P.D.James como la autora que prefirió alejarse de la realidad y de las tensiones sociales, algo que hoy es indispensable en la raíz del éxito del thriller contemporáneo. Quizás eso es lo que la diferencia de la novela policíaca. Hoy vivimos la degradación de la civilización occidental y las tramas cuentan la desafección de la clase media, en medio de una negra realidad que echó a andar con aquellos tipos con metralleta en Chicago y las fábulas de Dashiell Hammett, Raymond Chandler o Ross MacDonald.

En P. D. James nunca se filtró, la absoluta pérdida de confianza en el individuo, ni en las estructuras del poder, ni en las instituciones públicas. Lo suyo era más dirigido a el caos, la incoherencia del ser humano y su fondo insondable y temible. Ella prefiería examinar la verdad y el comportamiento hasta derribar la muralla con la que ocultamos lo que somos. Pero todo esto lo ha escrito alguien que vivió 94 años y reconoció que nunca se drogó ni se emborrachó.

¿Han leído alguna de sus obras? Cuéntenos cuáles y si no, les recomendamos leer algo de ella, les aseguro no se arrepentirán.