La ley sobre derechos de Autor reconoce la actividad del editor y es regulada para lograr armonía en su relación con el escritor.

La figura del editor de libros es reconocida por los derechos de autor atendiendo a la importancia que desde antaño ha sido reconocida para asegurar la creación intelectual de ambas figuras Escritor-Editor. Para que la figura sea reconocida por los derechos de autor, el escritor debe entregar la obra literaria al editor quedando obligado éste último a reproducirla, distribuirla y venderla.

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Otra obligación y la más importante a cargo del editor es obviamente pagar al autor lo generado por la explotación de su obra, o como los legisladores mexicanos redactaron:

 “cubriendo al titular del derecho patrimonial las prestaciones convenidas.”

Existe una peculiaridad en la legislación respecto al tiempo en que una obra literaria puede ser licenciada con un editor, no existiendo limitaciones. Diferencia a las demás obras que protegiendo al autor contra prácticas tiranas:

“A falta de estipulación expresa, toda transmisión de derechos patrimoniales se considera por el término de 5 años. Sólo podrá pactarse excepcionalmente por más de 15 años cuando la naturaleza de la obra o la magnitud de la inversión requerida así lo justifique.”

La típica práctica con la editora de libros es la monopolización de la obra, es decir que solamente una casa editora goza los derechos para explotarla, o como en términos legales se conoce “licencia en exclusiva”. Para ello la ley dicta que las dos partes Autor-Editor deben respetar la exclusividad y la carga para el editor de realizar su mejor esfuerzo para la explotación.

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Para cerrar ésta breve nota, señalar que la ley protege al autor y editor frente a terceros que realicen copias o reproduzcan la obra sin autorización, facultándoles para exigir una remuneración compensatoria por cualquier copia o reproducción no autorizada.