Con un rostro totalmente abstracto en  su trabajo, Richard Wright rompe récord en su carrera  con el éxito en esta, su nueva exposición en la Tate de Londres.

Me encanta el color dorado, solo que muchos estamos de acuerdo que este no va con todo ni en todos lugares, pero este no es el caso de las obras magníficamente sobrias y elegantes de Richard Wright. Este artista con sede en Glasgow prefiere crear obras site-specific, que mantiene un carácter hasta cierto punto efímero, así que basa las piezas que realiza en el momento de transición en el que esté inmersa su vida.  Y tal vez a esto se debe su éxito en la Tate de Londres y a lo largo de su carrera, ya que esta obra se ha merecido el Premio Turner.

El estilo de su trabajo se encuentra plasmada en casi un muro entero que brilla como el oro. Formas desgastadas, chirriantes de brillantes formas irregulares se abren paso entre sí para dar vida a una formación rectangular dorada. Para crear la pieza, Wright utilizó técnicas meticulosas, incluyendo algunas similares a los pintores de frescos renacentistas. El primero se basó en papel que transfiere las imágenes a la pared por el roce de la tiza a través de agujeros en las páginas. Entonces pintó sobre la imagen, y la cubrió con pan de oro. En el espacio, la luz se refleja en la pintura metalizada creado una pieza que va por el muro siempre cambiando basada en el movimiento que es perceptible desde varios puntos de vista.