Ganó  la selección nacional con un contundente 4-1 sobre un paupérrimo, desorganizado y ridículo rival, Costa de Marfil.

Por Gabo Monterrubio

Seamos honestos, 2 de los 4 goles de México fueron regalos de los marfileños (no le quito mérito a Oribe su definición fue soberbia) pero me quedo un mal sabor de boca después de ver el partido.  Si los marfileños no hubieran anotado en su propia portería y posteriormente regalado una asistencia de gol a Oribe el marcador hubiera sido 2-1. Ganar a como de lugar. Ese el pensamiento del DT de la selección. ¡Obvio! Es una bocanada de aire fresco para el “Chepo”. Esta victoria insulsa le da minutos de vida a su agonizante carrera como DT de la selección nacional. Sea lo que sea, gano México y ganamos los mexicanos. Hay que celebrar el resultado pero también hay que ser cautos y analizar el triunfo. ¿Fue gracias a los nacionalizados? Claro que no.

Ganamos gracias al maravilloso Oribe Peralta y su indiscutible olfato goleador, a Reyna y su desequilibrante talento, a Corona y salvadas oportunas pero por encima de todo, ganamos gracias al bajo nivel y los errores del rival. Pobre México, tan grande y tan lejos de la grandeza. La selección de México necesita regresar a la grandeza que vive en el corazón de los mexicanos. Los mexicanos debemos demostrar que cada mexicano (aunque sea nacionalizado) cumple la promesa que cantamos en el himno nacional.

“Un soldado en cada hijo”

El día en que el técnico nacional y los seleccionados vivan a flor de piel SER solados de México, la derrota no será una opción y la victoria no será una obligación… La victoria será una realidad.