Décadas atrás el hombre a contado con la necesidad de compartir cierto contenido que le apasiona o que ve interesante para que otras personas lo conozcan. Desde que aparecieron las películas, ha sido importante recomendar para bien o para mal una obra audiovisual.

Es importante que otras personas conecten con algo que te ha gustado y que pretendes compartir, con ello esa obra (película, música, pintura, diseño, video) se difunda cada vez mas.

El problema viene cuando el derecho de autor transforma esa necesidad natural de compartir en un acto ilegal, el modelo no es demandar o definir a los usuarios y a quienes hacen una industria del entretenimiento como presuntos culpables, por el simple hecho de compartir.

No se puede sacar al usuario del círculo económico de una industria y mas cuando el es el que genera esos rendimientos económicos, se debe integrar pensando en una comunidad no en solo unas cuantas corporaciones.

En modelos anteriores había funcionado, pero con la expansión digital la comunidad es la que manda ahora, por lo tanto, restringir es asesinar. Es necesario adecuarse a las prácticas del siglo XXI, es necesario entrar a la cultura del remix, de la modificación de una obra. Todo esto genera cultura.

Por ello se necesita una Ley de derechos de autor mas flexible que provoque este desarrollo cultural, y no solamente lo digo yo, lo dice la tecnología, las comunidades, la economía.

Mientras se siga tratando de limitar este desarrollo, mas nos quedaremos atrás y el primero que entienda esta flexibilidad, será quien domine la escena del entretenimiento.