En esta primera ocasión hablaremos de los orígenes de El derecho de autor que aparece en la época colonial, en el año 1704, cuando el Virrey Francisco Hernández de la Cueva estableció una disposición autoral a favor de los creadores de una obra en relación a la venta de la misma. En esta época lo que se protegía notoriamente eran las obras literarias asentadas en papel, ya que como sabemos no existían las grabaciones o soportes materiales en cuestión musical.

El hombre manifestó su arte y su aparición como artista en este mundo desde las pinturas rupestres, pero el derecho del autor ante su creación no fue reconocido sino hasta poco menos de tres décadas atrás.

Se dice que Inglaterra, en 1710, fue el primer país que legisló al respecto; siguió Francia en 1716; después Estados Unidos de Norteamérica en 1790 y, en 1824, el turno de México fue dentro de la Constitución de ese año; posteriormente, pero cuando se consolido estos derechos autorales fue en el año  1846.

El Convenio de Berna (9 de septiembre de 1886) y el artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos son el inicio de esta protección autoral. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y patrimoniales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora

De esa forma podemos referirnos al antecedente del derecho de autor, que como se puede observar es inherente al hombre o se puede considerar como un derecho  basado en la naturaleza humana, ya que las manifestaciones artísticas han estado a la par del nacimiento del hombre, por lo que detallaré los antecedentes de las grandes manifestaciones que se presentaban, desde las épocas de las cavernas como es el caso de Altamira, descubierta en 1877, en Santillana del Mar, provincia de Santander España, donde se encontraron las primeras pinturas rupestres.

En nuestro país las pinturas rupestres están en el estado de Baja California Sur, en la sierra de San Francisco donde se encuentran las cuevas de la Pintada, y las flechas o boca de San Julio.

Por lo que atañe al derecho autoral en nuestro país, empieza a gestarse en distintos ordenamientos, como lo fueron en primer lugar la Constitución de Apatzingán de 1814, en la que se establecía la libertad de publicar obras sin ningún tipo de censura, concediendo a los autores libertad de expresión. Esto es un gran avance el poder lograr esa libertad donde el autor puede comunicarse de distintas formas sin necesidad de privarse de ninguna expresión. No es hasta 1824 cuando aparece el primer antecedente inmediato en materia de derechos de autor, ya que la Constitución de ese año protegía al autor, en su título tercero, sección quinta, artículo cincuenta, al establecer que se podía promover la ilustración asegurando por tiempo limitado derechos exclusivos a los autores por sus respectivas obras. Es importante señalar que ésta es la primera Constitución Mexicana que adopta el sistema federal, basándose en la constitución estadounidense, lo cual generó un gran avance. 

Esta ley reglamentaria del artículo 28 constitucional es de orden público e interés social. Tiene por objeto la protección de los derechos  que se otorgan a favor del autor como creador de una obra intelectual o artística, y del intérprete y ejecutante, así como de la salvaguarda del acervo cultural de la nación.

Con el presidente de la República Don Benito Pablo Juárez García, en el Código Civil del año 1871 se normaba en su título octavo, capítulos II a VII, lo relativo a la propiedad literaria y artística en general, penalizando la falsificación en los artículos 1,247 al 1,387.

El autor de la letra de una canción en este código se consideraría como tal sólo si era el creador de la música, es decir el compositor de la música lo sería de la letra, ya que si se presentare que el autor de la letra y la música fueran dos personas distintas, procedería que el primero aseguraría sus derechos por medio de convenio por escrito.

Ya para la Constitución de 1884 se modificó un poco en lo que respecta al registro de la propiedad ya que había que entregar dos ejemplares en lugar de uno solo y habia que depositarlos en el Conservatorio Nacional de Música y otro en el Archivo General; el registro ante el Ministerio de Instrucción Pública se publicaría en el Diario Oficial cada tres meses.

Lo anterior se asemeja a lo que hoy es el Instituto Nacional del Derecho de Autor ubicado en la calle de Puebla #143, Colonia Roma Norte, Delegación Cuauhtémoc, Código Postal 06700, México, D.F., donde el autor, para que se le reconozca su propiedad y poder ser oponible a otros, debe presentar dos ejemplares, una solicitud con el título y datos de la obra, datos del autor y un pago de derechos ante cualquier institución bancaria a favor de la Secretaría de Educación Pública, el cual variará cada año. De dichos ejemplares uno se lo quedará el propio Instituto, y el otro el autor con el correspondiente sello y certificado firmado por el director correspondiente del Instituto Nacional del Derecho de Autor y avalado por la Secretaría de Educación Pública.

Este registro es un trámite que desde hace varios años he venido recomendando a mis clientes y amigos artistas, ya que por medio de el se proteje la obra en el caso musical sean, canciones, producciones y diseños como tambien los nombres de grupos o solistas.

Es importante tomar en cuenta el registro del nombre artístico como reserva, ya que es el patrimonio del artista y se pueden evitar grandes problemas a futuro. Para esto es necesario realizar dos trámites, el primero se le nombra dictámen previo, en el cual se conoce los antecedentes registrales que pueden coincidir con el nombre a registrar. Una vez obteniendo la respuesta favorable del díctamen previo se procederá al registro.


Por Jorge León  www.jorgeleon.mx   jorgeleon80@gmail.com